lunes, 25 de septiembre de 2017

Tlayecac

Era el viernes 22 de septiembre, el tercer día después del sismo. Más allá de la notable inutilidad de nuestra profesión en estas situaciones, varios de mis compañeros nos habíamos puesto a ayudar en el centro de acopio que se armó en el colegio. A diferencia de la UNAM, con una larga tradición de organización estudiantil, estas cosas son nuevas para nosotros. Un día antes, por la tarde – noche, nos habían pedido algunos voluntarios para entregar y descargar un camión con víveres en el campus de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos en Cuautla. Al final nos juntamos ocho.
            Yo no conocía Morelos. Mi cuñado nació en Jojutla, uno de los pueblos más afectados por el sismo. Aún así, desde que llegué a la Ciudad de México me he dado cuenta de que ese estado es una referencia de alteridad para la capital del país, un escenario rural por donde han desfilado desde los bandidos del siglo XIX hasta figuras icónicas de la izquierda, tales como Emiliano Zapata, Rubén Jaramillo, Lucio Cabañas, Sergio Méndez Arceo…
            Antes de partir decidimos quitar la lona del camión que decía “El Colegio de México”, pues desde la noche anterior circulaban historias de varios transportistas  que habían sido  redirigidos a la sede del DIF por la policía estatal, al parecer por órdenes del gobernador. Querían etiquetar las despensas con el sello del gobierno “¿En qué pinche país vivimos?” decía molesto un amigo, donde llevar despensas, agua y botiquines es como llevar contrabando. Como siempre, las autoridades lo negaron, diciendo que solo se escoltaba a los transportistas por seguridad, y calificaron los testimonios, siguiendo los pasos de Trump, de “noticias falsas”.
            Tuvimos suerte. En la caseta de Cuernavaca había un camión con víveres detenido por la policía. A nosotros no nos dijeron nada. Llegamos sin muchos problemas al lugar de destino. En la entrada había un guardia armado, y afuera una patrulla municipal, según supe, para que fueran por nosotros si la policía estatal nos detenía. En el campus había pancartas de protesta contra el gobernador, Graco Ramírez, por retener presupuesto de la universidad. Nada nuevo en este país. Lo más grave, en ese lugar, era que los edificios, construidos hacía apenas un año, tenían daños severos. Al parecer habían quedado inservibles con el sismo.
            Descargamos el camión. La historia sirve para poca cosa. Me eran más familiares las experiencias rurales o las “misiones” de la Ibero, cuando era profesor hace unos siete años, o cuando trabajaba como abarrotero hace diez. La gente de Cuautla estaba bien organizada. Una profesora de la UAEM, egresada del Colegio de México, coordinaba una red de distribución de víveres a las comunidades aledañas. Teníamos hora de regreso, pues nos llevó un chofer del colegio. Igual nos ofrecimos a pasar por alguna de las comunidades. Nos sugirieron Tlayecac.
            El poblado está como a ocho kilómetros de Cuautla, en el municipio de Ayala. Según leí después, hay asentamientos humanos ahí desde el año 1,300 a.C. Puede que no queden muchos rastros de un pasado tan remoto, pero la época colonial se siente presente al ver la iglesia de San Marcos, la cual pertenecía a un convento agustino de comienzos del siglo XVII. Hoy ya no está el convento, pero la comunidad, aunque ejidal, está articulada alrededor de la iglesia, el panteón, la ayudantía municipal y la escuela. Todos esos edificios quedaron dañados por el sismo.
            A tres días del temblor, las autoridades no habían llegado al lugar. Según nos dijeron, solo pasó gente del INAH, y diagnosticaron que el templo y el puente de la entrada al pueblo, ambos considerados patrimonio cultural, habían resultado dañados. Llevábamos algunas cobijas, agua, botiquines y materiales de limpieza. Aunque no hubo muertos, casi un tercio de la población se había quedado sin techo. Muchos habrían de dormir en el salón ejidal. De 740 casas que hay en el pueblo, 225 estaban seriamente dañadas. Era un patrimonio familiar de varias generaciones.
Entre el contingente había un antropólogo, quien rápido contactó a los líderes de la comunidad, los grabó, y ofreció nuestro apoyo para, cuando menos, dar cuenta de lo ocurrido y visibilizarlo. Fuimos a varias casas. Mis compañeros tomaron fotos de los inmuebles dañados. En uno de los lugares que visitamos, las construcciones de tres generaciones estaban inhabitables. La primera en caer era la casa que habían construido los abuelos. Hablé con una profesora de Cuautla, que estaba ahí acompañando a su familia. Se notaba preocupada. Como no se había extendido el turno en el Kinder donde trabaja, ya no había niños a la hora del sismo, "si no, no sé que hubiera hecho con mis niños de 3 años". Conforme pasaban los días, aparecían más grietas, y la casa más nueva dentro del terreno familiar se volvía más peligrosa. 
Nunca habían pasado por algo así. Pregunté por el 85. Me dijeron que aunque se sintió fuerte, nada se había dañado, salvo uno de los campanarios de la iglesia. Ahí no se guardaba la misma memoria que en la ciudad sobre esa catástrofe. La gente se sentía afortunada de que no hubiera muertos ni heridos, pero estaban preocupados por los daños y la reconstrucción. De la iglesia, rápido sacaron a los “santitos”. Una pared del panteón se fracturó, y según dijeron, un día antes de que fuéramos se podía percibir el olor…
Llegó un camión que decía DIF. Por lo antes dicho, me asusté. Pero no era el DIF de Morelos, sino de un municipio de Hidalgo. Llegó primero la ayuda desde allá. Regresamos preocupados, pues lo poco que hicimos parecía insignificante ante lo que podíamos ver. “Esto va para largo” dijeron varios.
Al día siguiente nos despertó la alerta sísmica. Fue por una réplica de 6.1 grados que casi no se sintió. La alarma fue suficiente para que dos señoras de edad avanzada fallecieran por un infarto, y que un tercero, asustado, se lanzara por una ventana en una de las zonas afectadas de la Ciudad de México. En Oaxaca se cayeron dos puentes. La buena noticia fue que la gente de Cuernavaca, durante el viernes, no sólo increpó al gobernador, sino que además tomaron las bodegas del DIF y repartieron lo que ahí se había acaparado.

Como Tlayecac, hay muchos pueblos que por ser parte del México rural, ese al que solemos culpar cuando el PRI gana las elecciones, resultan apenas visibles dentro del caos que los terremotos han venido causando. Pero dentro de ese caos, es posible encontrar solidaridad, entrega y hospitalidad. No es un asunto de nacionalidades. Muchos de mis compañeros que han estado al pie del cañón son extranjeros. No ha dejado de temblar. Ya sea en la Roma o en Tlayecac, esto va para largo.


(Fotografía de Günther Hasselkus)

sábado, 23 de septiembre de 2017

Tembló

Era como la una de la tarde. Estaba en el nuevo edificio de la biblioteca del colegio. Intentaba avanzar en el primer capítulo de mi tesis. Justo durante la mañana había revisado los testimonios del primer obispo de Baja California sobre la misión de la Purísima, que había sido destruida durante un terremoto en 1810. Comenzó a temblar. La alarma sísmica vino después. Apenas dos horas antes habíamos hecho un simulacro, conmemorando el sismo del 85, ocurrido un día como ese, 32 años atrás. Yo ni siquiera había nacido entonces, pero por esos años llegaron muchos “chilangos” a mi rancho. Según la opinión de muchos, salieron huyendo del terremoto. Como buenos pueblerinos, los tijuanos somos medio xeonfóbicos con los foráneos. Aún así, mi hermana y uno de mis hermanos se casaron con gente de por estos rumbos. Yo no lo viví, pero me han contado tanto sobre ese sismo que de alguna manera lo recuerdo.
Hacía días que acababa de temblar. En casa casi no lo sentimos. Fue por la “alerta sísmica” que despertamos y bajamos al patio; 8.2 grados. Acá en la Ciudad de México, como buenos “millenials”, hicimos memes. Solo se cayó una barda que aplastó un carro. Dos estados del sur quedaron destruidos. Según algunas fuentes, hubo cerca de 100 muertos, como 80 mil casas dañadas en Chiapas y 50 mil en Oaxaca. Conozco poco esos estados. Ambos tienen de los mayores índices de pobreza y población indígena. Sabrá Dios cuánto les tomará recuperarse.
Mis mayores recuerdos durante el sismo eran del 2010. Yo regresaba a Tijuana de una semana de “misiones” con mis alumnos de la preparatoria de la Ibero. Cosas de jesuitas. Era cumpleaños de mi papá, 4 de abril. Salí a la tienda a comprar cervezas. Primero vi caerse las “sabritas” del estante, luego, el piso y las torres de la iglesia moverse. Cuando terminó, veía los cables moverse como columpios. Solo entonces temí por mi vida, pero ya había pasado. Compré las cervezas y volví a la casa. Todos estaba afuera. La “cura”, como decimos allá, era que mi mamá, aún con problemas para caminar, fue la primera en salir. Mi hermana y su familia venían en carretera por Mexicali, donde fue el epicentro. Nos preocupamos por ellos, pero como viajaban en carro, ni siquiera lo sintieron.
La sensación en mis piernas era parecida a la de ese entonces, solo que esta vez no estaba en piso firme, sino que bajaba por unas escaleras metálicas de caracol y tenía gente detrás de mí. Estaban más asustados que yo. Quizá debí haber corrido, pero no sé por qué me ceñí al protocolo. Los ventanales del nuevo edificio se movían. Cuando llegamos al punto de reunión, creo que nadie dimensionaba la magnitud. Pero, si en el sur, una zona con suelo volcánico, se había sentido así ¿qué esperar del resto de la ciudad? Circularon noticias de un edificio derrumbado por la colonia Roma.
Mi primera preocupación era que no traía celular y no podía comunicarme con mi novia. Le pedí su celular a Óscar, un compañero de mi generación, pero no entraba la llamada. Cuando regresé a donde estaba mi laptop, no vi que ella estuviera en línea desde hacía una hora. Saqué dinero del cajero automático y salí hacia la casa. Había gente que se quedó en el colegio, pues, como dije, desde ahí no podíamos dimensionar el sismo. Intentaban sacar libros o leer, pero eventualmente los desalojaron. Se habían suspendido las actividades.
Apenas alcancé un camión. Había tráfico. La gente compartía videos en sus celulares de edificios derrumbándose. Solo entonces comencé a figurar la gravedad de lo ocurrido. Cuando llegué a mi parada, los semáforos no servían. Estudiantes de la UNAM dirigían el tráfico. Estaba preocupado por lo que podría haber pasado en casa. El vecindario estaba completo, pero sospechosamente silencioso. No había energía eléctrica. Mi novia y la pareja que nos renta estaban bien, pero casi incomunicados. No había señal de celular.
Tardé algunas horas en poder comunicarme con mi rancho. Mi suegra le había marcado a mi hermano para que le dijera a mi familia que estábamos bien. Había un restaurante con energía eléctrica e internet a un lado de la Mega Comercial. Muchos amigos estaban preocupados por nosotros, teníamos muchos mensajes. Regresamos a casa ya oscureciendo, el servicio había estado lento, pero no había manera de reprocharlo, quienes trabajaban ahí estaban en shock, como todo el mundo. La gente caminaba por la calle con el rostro desencajado. Compras de pánico y una sensación extraña. Era de esos silencios que no transmiten paz, sino otra cosa.
La energía eléctrica volvió después de las 9 de la noche. Una hora antes la UNAM había convocado brigadas en CU. No alcanzamos a ir, pero se reunieron como 1,500 brigadistas voluntarios. Esperábamos ir a la mañana siguiente, pero rectoría avisó que no eran necesarias más manos, por lo pronto. A la mañana siguiente fuimos a la Colonia Roma. Varios edificios destruidos. Acá no tenemos cascos ni herramientas. Tampoco somos médicos, enfermeros o psicólogos. Salvo armar botiquines, en poco pudimos ayudar. Nunca ser historiador me hizo sentir tan inútil. No nos pudimos colar para ir a Xochimilco, a donde había llegado poca ayuda. Dos horas después, la entrada a San Gregorio se saturó de tanta gente que fue.
Regresamos a casa. Ahí vi que se estaba organizando un centro de acopio en el colegio. Contacté a un amigo que vive por estos rumbos, fuimos a comprar algunas cosas y estuvimos ayudando un rato. En el camino, comentábamos cómo la movilización era impresionante, pero había poca organización. No es para menos. Quienes salieron a ayudar fueron gente que vivió el sismo. Pedir más de lo que la “sociedad civil” ya está haciendo es ignorar por completo el carácter traumático de una experiencia como esta.
Van más de 200 muertos en las zonas afectadas. 7.1 grados en la capital causó más daños que los 8.2 de hace 12 días en los estados más pobres. Sobre Chiapas y Oaxaca, dije en su momento que no solo era la naturaleza, también la pobreza y la desigualdad. Las costureras atrapadas en la fábrica son muestra de ello. Hay algunas cosas que de repente parecen más complicadas. Varias de las zonas más afectadas en la Ciudad de México fueron donde hay rentas más caras. Esos lugares sobre los que suelo expresarme de no muy buena manera, habitados por “hipsters”, llenas de restaurantes orgánico-artesanales con comida horrible y cara; donde a pesar de ser una zona “trendy”, hay muchísimos asaltos y denuncias por acoso; donde viven hacinados 10 roomies para poder pagar el alquiler… Ahí llevan años levantándose construcciones y remodelándose edificios viejos para vender y rentar departamentos carísimos. Fue una zona sumamente afectada en el 85, pero no sé si sea correcto decir que la nota se “repitió”. Inmobiliarias, sin trabas por parte del estado, le vendieron casas de cartón sobre un lago a la clase media alta de la ciudad...

Acá en Chilangópolis, como suelo decirle, sobra la ayuda. Los chilangos pueden ser gente de lo más solidaria y entregada en estas situaciones. En el México rural que nos rodea hay menos apoyo. En realidad he hecho muy poco, y aún así estoy cansado. Quiero pensar que algo se rompió dentro de nosotros. Personalmente, no quiero que todo regrese a la normalidad. Al contrario, quisiera que las cosas no vuelvan a ser como antes.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Pactar con el diablo



En 1929 la Santa Sede firmó un concortado con el gobierno de Benito Mussolini. Esto no sólo le permitió existir como un Estado (ahí el origen de la Ciudad del Vaticano), sino que también se le respetaron muchos de los privilegios que había tenido en los buenos tiempos de la Europa cristiana. No tardó mucho en firmar un pacto similar con el gobierno del Tercer Reich, unos años más tarde. Tardó un poco más en arrepentirse y reconocer que, aliarse con el fascismo, era uno de sus mayores errores. Pero no se trató solo de un error de cálculo, en países como Austria, España, Portugal, y en la región croata de Yugoslavia, se dio una afinidad casi natural entre catolicismo y fascismo. El temor a la revolución comunista hizo que muchos católicos vieran en este posicionamiento político una alternativa tanto a la izquierda como al capitalismo liberal, ese perverso sistema que disuelve todo lo sólido en el aire, incluyendo las creencias, tradiciones, familias...

En México la relación entre catolicismo y fascismo fue más compleja. Uno de los mayores admiradores de Mussolini fue Tomás Garrido, gobernador de Tabasco, reconocido por su anticlericalismo (ahí sí se quemaron iglesias y se persiguió más o menos sistemáticamente a creyentes y ministros de culto), y por su grupo de choque, los "camisas rojas", quienes eran algo así como la versión mexicana de las "camisas pardas" italianas. Por otro lado, la filiación fascista de muchos católicos no fue secreta, en especial en grupos como la Unión Nacional Sinarquista (llamados "fascistas con huaraches") pero también de algunos de los fundadores del PAN... Ni siquiera el PNR se salva. Dicen las malas lenguas que cuando Lázaro Cárdenas expulsó a Plutarco Elías Calles del país, éste estaba leyendo "Mi lucha", y que estando exiliado en San Diego, se puso en contacto con los fascistas españoles para intentar darle un golpe de estado a Cárdenas, a quien acusaba, al igual que católicos y panistas, de ser un "comunista". Además de la derecha y la izquierda que se organizaban públicamente, las filiaciones fascistas se notan mejor en los grupos secretos, y es ahí donde ha permanecido hasta nuestros días. 


En los años 30, durante el período de entreguerras, el padre general de los Jesuitas, Wlodimir Ledóchowski, propuso que la Europa del este que aún era católica, como su natal Polonia, debía convertise en un Yunque que resistiera los martillazos que el comunismo soviético lanzaba sobre Occidente. No pasó mucho antes de que un jesuita mexicano, que mientras estuvo en Guadalajara creó una organización conocida como "los tecos", fundara en Puebla una organización similar de la que todos hemos oído hablar...

Heredera de la geopolítica de los años 30, oculta entre las sombras debido a la relación oficiosa que el gobierno y la iglesia mexicana establecieron a partir de los años 40, y fortalecida durante la Guerra Fría debido al temor que las élites mexicanas tenían sobre "el comunismo", hay una derecha mexicana que ha sido y es católica y fascista. La más intransigente dijo que la Santa Sede está vacante desde de Juan XXIII, pues según ellos, el Concilio Vaticano II fue resultado de la infiltración de un judío para destruir la iglesia. La que es políticamente correcta, ha permanecido dentro del redil, haciendo jugosos negocios (sí, muchos son exitosos empresarios) mientras lee a Salvador Borrego, apologeta mexicano del nazismo; financía a grupos como el Opus Dei, cuya universidad le dio el título a nuestro presidente con todo y una tesis plagiada; o a los Legionarios de Cristo, quienes de no ser porque el escándalo se les salió de las manos, habrían beatificado a un toxicómano y pederasta. Con las recientes movilizaciones de católicos defendiendo a la familia, por primera vez en muchos años, el Episcopado mexicano parece haberle dado luz verde a estos grupos para salir de las sombras "a hacer lío".

No me gusta generalizar. No creo que el catolicismo, ni siquiera el mexicano, sea intrínsecamente fascista, ni que todas las personas que salieron a marchar por la familia lo sean. Lo que me preocupa es que, en un intento desesperado por defender un mundo "solido" de valores y tradiciones, aún y cuando este nunca haya existió fuera de nuestra imaginación, y asustados por una propaganda mentirosa (un obispo dijo una vez que se buscaba aprobar el aborto a los 9 meses de embarazo...), estén resucitando a un cadaver político que, aunque me cuesta decirlo, me asusta mucho más que el PRI. Un cadaver fascista que esperaba la oportunidad de ser revivido, y que parece haberla encontrado en la debilidad del régimen actual, y que se entiende a la perfección con otra derecha, una venida del norte, que disfrazada de "evangelio" no tiene empacho en bailar sobre la tumba de todos los protestantes que lucharon por construir un estado laico. Esa derecha que por poco y gana la alcaldía de mi ciudad natal, lanzando como candidato a un militar torturador. Solo espero que, en unos años, quienes hoy marchan por la familia no deban reconocer que, como sucedió hace más de medio siglo, cometieron uno de sus mayores errores al pactar con el fascismo.

sábado, 27 de agosto de 2016

¿Nos acompañas a la marcha?

- Oye, Chuy. ¿no nos vas a acompañar a la marcha en favor la familia?
- No, no puedo, tengo cosas más importantes que hacer este sábado.
- Pero ¿Qué hay más importante que defender esta institución fundada por Dios? ¿Acaso no recuerdas que, como dijo San Juan Pablo, "el futuro de la humanidad se fragua en la familia"?
- Voy a visitar a doña Beta, la mamá de Marta y María. Se siente muy sola desde que su hijo Lázaro murió.
- Ah, sí. Recuerdo que te aventaste casi una homilía en su funeral. Dijiste que no había muerto sino resucitado... Muy emotivo para la familia de un pecador que murió de Sida. El ánimo de todos se levantó. Una señora, que no estba muy bien de sus facultades mentales, dijo que hasta Lázaro se levantó del ataúd de lo bonitas y fuertes que fueron tus palabras... Ya sabes, las cosas que inventa la gente. Pero acuérdate de que se armó un escándalo cuando le dijeron al padre que llegó después sobre eso que "predicaste", porque solo los Santos pueden llegar directamente al cielo, y pues, él no fue muy santo que digamos. Solo por eso deberías darte la vuelta, para que la gente no ande hablando mal de tí. ¿Qué les voy a decir? ¿que andas con una familia de dudosa moral en vez de marchar con tu iglesia?
- ¿Quiénes son mi familia? En estos momentos, esa madre soltera, con dos hijas y un hijo fallecido, son mi familia. Esas familias disfuncionales a las que les han robado a sus hijas y les han desaparecido a sus hijos... Además, te recuerdo que o tampoco vengo de una familia muy "normal" que digamos...
- Que barbaridades dices. Parece que se te olvida el cuarto mandamiento: Honrarás a tu padre y a tu madre.
- A veces pienso que los que se escudan en honrar a su padre y a su madre, a "la familia", para discriminar y excluir a quienes no viven de acuerdo a su moral, no podrán ser ser parte del Reino...
- Y dale con otra vez, Chuy. ¿estás diciendo entonces, que el que no odie a su padre y a su madre no es digno del Reino? Por eso no le caes bien a nadie... ¿Sabes? Creo que fue un error invitarte a la marcha por la familia. Entiendo que critiques a un sistema económico injusto, y que te digan comunista, pero ponerte del lado de esa gente desviada que nos quiere imponer la ideología de género, eso ya es demasiado. Pero ¿sabes que? No te necesitamos. La iglesia y la biblia nos respaldan. Es más, hasta nuestros amigos que se hicieron evangélicos nos van a acompañar. Esta es una buena oportunidad para dejar de lado nuestras diferencias y reunirnos por lo que de realmente importa. Pero, de verdad, me preocupas, parece que te dedicaras no a unir a las familias sino a dividirlas... O al menos eso pasó cuando tus amigos y amigas "salieron del closet". Pero total, tu que sabes de teología moral, se me hace que ni la biblia lees...

Chuy ya no respondió. Pagó su cerveza, se despidió y se fue. Ese sábado, mientras muchos salían a las calles a defender la familia natural, se dedicó a lo de siempre, pasó el día con sus amigos: delincuentes, prostitutas, gays y lesbianas, enfermos de VIH, madres solteras, borrachos y uno que otro drogadicto. La gente siguió hablando mal de él. Esa invitación había sido la última esperanza de sus amigos, los buenos cristianos, de poderlo regresar al redil de la sana doctrina. Unos decían que era un ateo comunista; otros que seguro era gay y que por eso quería tanto a Juan, su amigo medio "afeminado"; otros que se estaba acostando con su amiga María, la que decían que había sido prostituta, otro chisme... En la iglesia no lo extrañaban, pero algunos temían que un día lo fueran a "levantar" por andarse metiendo en problemas. Pero eran tantos los desaparecidos y asesinados en ese tiempo que, aún si eso ocurriera, el que alguien lo recordara después de muerto habría sido un verdadero milagro.

lunes, 25 de abril de 2016

En una manifestación

Estaba por iniciar la manifestación. Eran las dos y media de la tarde y el calor amenazaba con hacerse presente. Estábamos cerca del monumento a la revolución, un edificio extraño, pensado inicialmente para ser la sede el congreso, y del que cuentan que hace unos ochenta años, la gente se trepaba para robarse sus varillas y otros metales. Nunca me ha quedado claro que representa o qué debería representar. Buscábamos algo de sombra y un lugar donde pudiéramos comprar agua. El Oxxo estaba cerrado, como siempre ocurre en las manifestaciones, seguramente porque la compañía de seguros se los exige para indemnizarlos en caso de que los “anarcos” rompan sus vidrios, lo grafiteen o le lancen una bomba molotov. Había mucha gente, no me atrevo a decir que de todas las clases sociales y generaciones, pero poco faltaba. El color morado y las consignas, unas más radicales que otras, nos unían en una causa común, o al menos eso queríamos creer: todos estábamos en contra de la violencia machista. Como siempre, el movimiento está lejos de ser homogéneo, lo cual dará pie a más de un nefasto para decir que se trata de puro argüende de las “feminazis”… Muchos llevaban perros, lo que inevitablemente me hizo recordar una de las pláticas de comedor con mis compañeros “en mis tiempos no sobreprotegíamos a los perros, al contrario, nos teníamos que cuidar de ellos”. Sin duda, los tiempos cambian.

Entre la masa de mujeres y hombres, ONG’s, colectivos y contingentes estudiantiles, me llamaron profundamente la atención tres señoras que por un momento estaban a nuestro lado. Todas pasaban de los 50 años, llevaban cabello corto y falda larga; no fue hasta que pude ver la insignia que colgaba del pecho de una de ellas que me di cuenta ¡Eran religiosas! Más interesante aún, llevaban consigo unas cartulinas rotas con las que se echaban aire. Pude ver que del otro lado, el oculto, esas cartulinas tenían escritas referencias a “la familia” y una decía “Pro-vida”. Entonces se me ocurrieron algunas posibles historias sobre cómo y por qué ellas habían llegado ahí con esas cartulinas.

La primera era una que bien habría sido objeto de encabezados en periódicos, revistas y blogs de las derechas religiosas: así como los grupos pro-vida de Colima la semana pasada, ellas habrían salido a la calle para defender los valores tradicionales y queridos por Dios, ante la inmoralidad que una ideología tan infame como el feminismo representaba para un país como México. Entonces, un grupo de “feminazis” se habrían lanzado contra ellas quitándoles sus pancartas y rompiéndolas. Y estas tres señoras, con la superioridad moral con la que todo buen creyente debe ver a los enemigos de la fe, las bendijeron y oraron por ellas, al tiempo que recogieron con tristeza sus cartulinas "Pro-vida", cuya única utilidad ahora era la de refrescarlas ante el ardiente sol; solo descansaban antes de regresar a casa. Pero no, no había angustia en sus rostros ni señales de una batalla espiritual de semejante envergadura, más bien parecía que se sentían como en casa.

Entonces pensé en una segunda historia. Estas religiosas eran feministas. Así como Sor Juana de catolicadas, o las que atienden a una comunidad LGBT acá en Coyoacán. Pero no eran unas religiosas feministas cualquiera, lo eran pese a la oposición de su congregación. Algo así como los amigos religiosos que tengo, que aunque su corazón está a la izquierda, viven con gente de derechas que gozan cuando las familias de alcurnia los invitan a comer y beber vino un domingo después de misa. Eso explicaría el origen de las cartulinas: las llevaron para que les dieran permiso de salir y no causar un escándalo innecesario en su casa. Cuando estaban dentro de la marcha, rompieron las pancartas "Pro-vida", convirtiéndolas en algo más útil para un día como ese. Un día después me inclino por la segunda historia, aunque seguramente las cosas sucedieron de otra manera a cómo la imagino, pues las encontramos algunas cuadras más adelante, sobre el paseo de la reforma ¡Entonces sí iban a la marcha! Supongo que, por un momento, el agonizante hombre de fe que aún queda dentro de mí se sintió menos solo, aunque no nos hayamos dirigido la palabra.

lunes, 13 de julio de 2015

No me despido

Hace como un año y medio terminé mis estudios de maestría. La sensación era agridulce, pues me costó más trabajo de lo que había previsto, me volvió más consciente de lo que me falta por aprender, al tiempo que sembró inquietudes un tanto extrañas. Regresé paulatinamente a las aulas, como profesor, y no pasó mucho tiempo antes de recibir dos noticias contradictorias como pocos días de diferencia: un artículo rechazado y una carta de aceptación a un doctorado al que, siendo sinceros, nunca hubiera aspirado a ingresar de no ser por la sugerencia de un profesor prácticamente desconocido.

Diez meses viviendo solo, acercándome a algunas nuevas amistades y distanciándome de algunas más o menos "viejas". A veces, cuando terminaba mi "performance" como profesor, no sé que tan bien logrado, me preguntaba si acaso no utilizaba la docencia para seguir aprendiendo, y si ellas y ellos habían logrado, ya no digo "aprender", sino cuando menos hacerse una de las muchas preguntas que, mal que bien, intento sembrar cada que platico con alguien, sea en un aula, en un pasillo, en un bar o en la mesa de un restaurante o de un café.

Dos generaciones de preparatoria graduadas, con casi un centenar de ex-alumnos de cada una, pero con unos cuantos buenos amigos y amigas a quienes sigo y seguiré frecuentando. Ateos, creyentes e incrédulos, todos dejaron preguntas y recuerdos que me formaron, y tengo bastante de cada una de esas actitudes; protestas, discusiones, marchas, pisteadas, pláticas y silencios que me permitieron, semana con semana, observar cómo cada día dejo de ser lo que era para empezar a ser algo distinto, quien sabe si mejor o peor, pero siempre "alterado" por esas personas.

Hace como un año dejé a mi primera y última (pero no única) banda de rock. Hace un par de días entregué las llaves de mi casa, no la de mis padres, en la que nací y crecí, sino en la que descansé, cociné, leí, toqué y me bañé por casi un año, la primera que renté. Mañana dejo la casa de mis padres y mis hermanos. Hace diez días era un profe de la Ibero... Trato de no llevarme mucho, salvo unos cuantos libros, algo de ropa, mi memoria y mis aprendizajes, en los que se encuentra un poco de todos y todas con quienes he convivido.

No voy solo. Nos vamos juntos. Lo cual me fascina y me aterra a la vez, y me aterra no porque tema a los compromisos o a la compañía, sino porque amar y ser amado implica que todos los días dejaré de ser un poco quien soy para convertirme en algo distinto, porque significa reconocer no solo que no estoy completo, sino que le ofrezco a ella una grieta de mi corazón que nunca será llenada, pues en el momento que se cierre, se cerrará también la posibilidad de amar. Mañana a esta hora estaremos comenzando algo distinto, en una tierra extraña que habitaremos y que nos habitará a nosotros; no sé si seré más feliz, si la vida será más fácil, ni si obtendré todo lo que quiero, pues nada me garantiza que mañana desearé lo mismo que hoy, pero estaremos juntos, y eso me basta.

Y no, no me despido, no sólo por la garantía de que eventualmente regresaré, sino porque mucho de lo que soy se queda por acá, y porque en lo que soy en este momento me llevo mucho de todos los que han estado a mi lado.

martes, 23 de junio de 2015

De izquierdas, iglesias y política

"Lo fundamental es la honestidad, eso (los temas de aborto y uniones gay) con todo respeto y autenticidad, lo considero como algo no tan importante, lo importante en México es que se acabe con la corrupción, nada ha dañado más a México que la deshonestidad" López Obrador.

Desconozco exactamente cuál fue la pregunta que detonó esta opinión, pero lo cierto es que mucha gente de izquierda “se lo come”. ¿Cuál o cuáles izquierdas? Aquí inicia el primer punto complicado y conflictivo, pues los posicionamientos políticos que se asumen como tales son de lo más diverso, y en mi experiencia va desde los gays progresistas de clase media que sistemáticamente votan por el PAN (conozco a varios hombres, pero eso si, a ninguna mujer lesbiana que apueste por acción nacional, aunque no niego ni descarto su existencia) hasta católicos y evangélicos pro-vida que le han apostado al PRD o Morena, eso sin tomar en cuenta a los leninistas, trosquistas, anarcos, y demás especímenes cuya fe en la revolución y desprecio por la democracia es homólogo a la fe en el regreso de Cristo y el rechazo hacia las cosas "del mundo". Y claro, todos dicen que ellos son o la izquierda verdadera, o por lo menos, "la buena"... Y aquí el ser "radical" puede ser visto, en algunos casos, como algo positivo o algo negativo... ¿Hay una izquierda auténtica o verdadera? Me declaro incompetente para un pronunciamiento tan profundo.

Pero no hay que ser un genio para saber que, al menos en el caso mexicano, esa diversidad de posicionamientos, más que enriquecer la discusión ha obstaculizado las posibilidades de que, fuera del DF y algunos estados, se propongan alternativas más o menos viables a un régimen que, paradojicamente, es neo-liberal y neo-conservador al mismo tiempo. Algunos dirían que, ante un escenario como tal, lo más prudente sería centrar los esfuerzos en lo que une a las izquierdas, y dejar momentáneamente de lado lo que las divide, pero es precisamente esa actitud pragmática la que le ha valido a Obrador ser calificado como conservador, retrógrada, y la abundante serie de adjetivos que brotan de la pluma y los labios de gente como Denisse Dresser. No me interesa cuestionar su credibilidad política o intelectual, pues Ackerman y Noroña le han respondido con argumentos que, al igual que los suyos, son "ad hominem" (y aquí el machismo implícito de la herencia latina se nos aparece por medio del lenguaje), pero debo reconocer que la crítica al "conservadurismo" de Obrador tiene un punto: si el matrimonio igualitario y la autonomía de las mujeres con respecto a su cuerpo son derechos humanos, éstos no deberían ni de estar en un segundo término ni sujetos a negociación en las cámaras (en algún momento del 2012, Obrador dijo que haría una consulta ciudadana al respecto).

Pero me atrevo a plantear, con tono de hipótesis que no me comprometo a demostrar científicamente, pues soy historiador y no sociólogo o antropólogo, que la postura "tibia" de Obrador obedece a razones políticas de otro tipo. De unos años para acá, las iglesias evangélicas se han convertido en actores políticos fundamentales de nuestro país, y son una mezcla sumamente interesante (y para unos preocupante) de fundamentalismo estadounidense y clientelismo-corporativismo priista. Y aunque son una minoría, el votar en bloques y con una lógica corporativa les permitió convertirse en la base de Calderón al interior del PAN (al respecto recomiendo la investigación de una amiga politóloga e historiadora poblana, Xóchitl Campos), colocar a su personal dentro de puestos públicos a nivel municipal y estatal, tales como las dependencias que atienden los "asuntos religiosos", formar un partido político en BC que más tarde alcanzó su registro a nivel nacional, algo que se logró, según algunos pastores "gracias al voto de los cristianos"; no habría que dejar de lado el asistencialismo que se delega a algunas iglesias que podríamos calificar como "neo-pentecostales" (etnografías informales mías y de mi novia), y toda una serie de prácticas de clientelismo en iglesias pequeñas y medianas que vienen penetrando no solo al PES y al PAN, sino también al PRI, al PANAL y a MORENA (esté uno en familia, en la calle, en el trabajo o con los amigos, uno ya no se quita el chip de científico social).

Comentarios de púlpito evangélico: "No porque el candidato venga a la iglesia significa que hay que votar por él" logran conciliar, al menos en el discurso, dos de los ejes por medio de los cuales el PRI nos enseñó a "hacer política": no mezclar la religión y la política, pero hacer campaña donde los votos se darán en bloque y no de manera individual. Así, el surgimiento de una sociedad post-secular (es decir, una que aunque no gira alrededor de la religión, tolera que ésta tenga expresiones sociales) nos ha dado en México un nuevo conjunto de actores políticos que, ante elecciones cerradas, tienen la posibilidad de definirlas. Aunque digan que no son "clientelas", hay una buena parte de electores evangélicos que al parecer votan en bloque (recordemos que ésta es una categoría etic, es decir, del observador), no sólo por su partido, sino por aquellos candidatos que ofrezcan garantías de incluir algunos de sus principios significativos en su agenda (valores, familia, etc.)No es secreto que en la campaña de 2012, Obrador lanzó una serie de frases de carácter religioso cuyo referente no huele a catolicismo (aunque sería interesante pensar el trasfondo de las siglas de su partido, en un país con muchos guadalupanos) sino a predicador evangélico, y desde el 2006 se rumoró que se había acercado bastante a iglesias de este corte. Por eso, no es de extrañar que cuando le pregunten por su opinión sobre el matrimonio homosexual o el aborto, más que opinar, se salga por la tangente, pues aunque un pronunciamiento firme "de izquierda" le valdría el voto de muchos ciudadanos, implicaría ganarse la enemistad de muchas iglesias.

¿Esto es una fortaleza o una debilidad? Depende desde dónde lo observemos. Marx en su momento criticó el anticlericalismo de Bakunin, por dividir a la clase obrera, y los líderes bolcheviques hicieron lo suyo con el feminismo por más o menos las mismas razones; pero la homofobia de los comunistas franceses les hizo perder la militancia de Michel Foucault, y el anticlericalismo de los marxistas del siglo XX nos permite entender su rotundo fracaso en latinoamérica. Morena es, con todo lo cuestionable, de los pocos partidos con una agenda orientada, entre muchas cosas, al respeto a la diversidad sexual (quien sabe si con el consenso o la simple tolerancia de su líder); si con eso logran obtener el voto evangélico, estaríamos ante una real-politik maquiavélica (en el mejor sentido de la palabra), pero como siempre, nos encontramos con el mismo dilema que en la ética: orientarnos por nuestros principios no siempre da los mejores resultados (al menos, electorales), y si ponemos los objetivos como prioridad, tendremos que sacrificar, o por lo menos ocultar, algunos de estos principios.

Mientras tanto, los hechos más recientes en el mundo nos despiertan del agradable sueño posmoderno de que el mundo caminaba inevitablemente a la democratización y liberalización de los mercados. Hay nuevos apartheids en ex-colonias europeas, y crímenes raciales en EU, el capitalismo más exitoso es el Chino, y lo es sin democracia, sin libre mercado y sin derechos humanos, en México nos matamos como en tiempos de la revolución, con armas estadounidenses y alemanas, pero esta vez sin una revolución, y los fundamentalismos, tachados de "antimodernos" no serían posibles, paradójicamente, sin las armas y la tecnología modernas. Por ello, tal vez sea el momento de por lo menos asumir que hacer política es, si no bueno, necesario, pero para que haya política de verdad es necesario reconocer que existen diferencias y antagonismos en nuestras sociedades, de lo contrario, no tendremos sino una élite que administra territorios y vidas, pues aunque lo hace en nombre "del pueblo" y del "bien común", estos posiblemente no existen más allá de nuestro pobre, limitado e insuficiente lenguaje.
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